Un número uno del mundo, que no ganó nunca un partido en Wimbledon
Cuarenta títulos sobre tierra batida y cuarenta victorias consecutivas (tercera marca histórica tras Guillermo Vilas y Rafa Nadal) más un récord de siete títulos conquistados en un mismo año sobre arcilla, (solo superado por Rafa Nadal), en un 1995, en el que Thomas Muster (2 de octubre de 1967, Leibnitz, Austria), se alzó con un total de 12 torneos y que le permitieron convertirse en 1996 en el primer austríaco en alcanzar el número uno del tenis mundial.
Tenía 29 años y una carrera remarcable que pudo truncarse en Miami siete años antes. Ese día, un dos de abril de 1989, Muster no había cumplido los 22 años y acababa de meterse en su primera gran final, en Miami. Un partido al que no pudo presentarse porque, horas antes, fue atropellado en un centro comercial por una conductora ebria, que empotró al austríaco contra la parte trasera de su coche. Llegó a peligrar incluso su futuro en el tenis. Sufrió una rotura de ligamentos en la rodilla y tuvo que ser operado. Muster dio un ejemplo de pundonor, constancia y superación durante el proceso de rehabilitación. Su imagen dando raquetazos, sentado en una silla y con una escayola hasta la cadera, fue icónica y dio la vuelta al mundo.

Thomas Muster no dejó de entrenar durante los seis meses de convalecencia.
El esfuerzo del austríaco tuvo recompensa y su regreso a las pistas fue triunfal. Un año después de su percance, alcanzó las semifinales de Roland Garros, ganó en Roma y en Adelaida, su primer título sobre cemento. Un accidente, que pudo costarle incluso la vida, sirvió de acicate y le hizo mentalmente más fuerte. Ese espíritu de lucha, que le permitió salir adelante, le acompañó durante toda su carrera.
En los noventa, Thomas Muster se erigió en el indiscutible Rey de la Tierra. Físicamente era un privilegiado y se convirtió en la pesadilla de los tenistas españoles por la intensidad de su tenis, y también, por su actitud grosera y desconsiderada muchas veces en la pista.
«Ahora todo tiene que ser políticamente correcto, algo con lo que no estoy de acuerdo».
2018. Tiroler Tageszeitung
El austríaco martirizó a los tenistas españoles: a Sergi Bruguera, campeón de Roland Garros en 1993 y 1994, le ganó doce de las quince veces en que se enfrentaron; Alex Corretja solo pudo ganar a Muster una de las nueve veces en que se vieron las caras; y el colmo fue 1995, cuando ganó en Umag, Croacia, derrotando a cinco españoles: Roberto Carretero, Alejo Mancisidor, Jordi Arrese, Pato Clavet y Carlos Costa. El austríaco era la bestia negra de nuestros tenistas, era Musterminator. Un provocador, además, que alardeaba de tener que salir a correr después de los partidos por no haberse desgastado lo suficiente en la pista.
«Aquel que pesca en el mismo estanque que yo, siempre será mi enemigo. Me gustaría volver a ver a algún jugador que se saltara todas las leyes no escritas, pero tendría unas consecuencias demasiado grandes”.
2018. Tiroler Tageszeitung
Thomas Muster era un zurdo, con un revés, conocido popularmente como la espada, que era el gran lunar de su juego. El austríaco suplía esta carencia con piernas y kilómetros para dominar con su derecha, un golpe este sí, demoledor.
No se rendía nunca y no se guardaba nada, ni dentro ni fuera de la pista y protagonizó remontadas épicas. Para la historia queda, su remontada ante Boris Becker en la final de Montecarlo de 1995, su gran año. Thomas sufrió una deshidratación en las semifinales y estaba perdiendo la final por dos sets abajo. Becker llegó a tener dos bolas de partido. Pero el austríaco levantó esa desventaja y se acabó llevando el partido en cincos sets.
Thomas Muster era un competidor incansable, tenaz y obstinado que se apuntó 17 victorias sobre jugadores del top 5, y, 37 victorias contra tenistas del top 10, para labrarse un curriculum envidiable al final de su carrera, en la que levantó 44 títulos ATP, entre ellos un Roland Garros, 8 Masters1000, 4 ATP500 más 26 ATP250, lo que supone todavía hoy un récord absoluto.
Un accidente estuvo muy cerca de arruinar la trayectoria de una estrella en ciernes, que empezaba a deslumbrar en un circuito, donde a los diecisiete años ya había conquistado, en Hilversum, en los Países Bajos, su primer título sobre tierra batida. Thomas Muster fue pionero en un país, Austria, donde no había tradición tenística y donde alcanzó el escalón más alto, marcando el camino a otros campeones como Dominic Thiem, ganador del US Open y dos veces consecutivas finalista en Roland Garros.