LA IMAGEN ES TODO
Fue un transgresor. Revolucionó estéticamente el mundo del tenis: una melena mechada, colores estridentes, zapatillas negras y en vaqueros. Andre Agassi (29/04/1970, Las Vegas, Nevada, USA) resultó excesivo para un deporte entonces extremadamente tradicional. Su impacto mediático fue brutal, no había ganado nada y era ya un imán para las marcas; se convirtió en un icono para Nike.
Gracias a su éxito comercial invirtió el orden de los factores que acompaña a los jóvenes deportistas: primero se hizo famoso, después rico y finalmente se convirtió en un buen jugador; en una máquina de generar golpes ganadores con una gran habilidad para devolver las bolas a bote pronto desde la línea de fondo. Sucedió que el producto publicitario se convirtió en leyenda aunque el destino iba a ser caprichoso con él.
Andre Agassi odiaba la hierba de Wimbledon y detestaba sus tradiciones, especialmente la política de ir todo de blanco. Tenía 17 años cuando debutó en Londres. La experiencia fue malísima. Cumplió con el protocolo escrupulosamente para alegría del All England Club pero cayó fácil ante el francés Henri Leconte en su primer partido y se negó a volver. Estaba convencido de que jugar sobre hierba era negativo para el timing de su golpe de derecha, que jugar allí le hacía peor tenista. Y, sobre todo, se rebeló y se negó a participar en un lugar donde le obligaban a ir de uniforme. Estuvo tres años sin volver.
En 1991 entró en vereda y alcanzó los cuartos de final pero una increíble sorpresa le esperaba al año siguiente. Andre Agassi había perdido tres finales de Grand Slam con anterioridad: en 1990, el Us Open, frente a Pete Sampras, y Roland Garros, ante el ecuatoriano Andrés Gómez, y en 1991, de nuevo en Roland Garros, frente Jim Courier. Su historia en los grandes torneos había sido muy cruel cuando en julio de 1992 aterrizó en Wimbledon.
«Este no era el torneo que la gente
esperaba que yo ganara»
Andre Agassi/ Campeón de 8 Grand Slam
Agassi se salía del guión en hierba. No tenía un servicio demoledor y no ganaba la mayoría de sus puntos en la red como era costumbre por entonces. Sus opciones al título se revalorizaron cuando se deshizo en cuartos de un especialista como el tricampeón de Wimbledon, Boris Becker. El alemán no acababa de comprender cómo había perdido contra un jugador que solo se movía por el fondo de la pista. Y es que mientras todos rentabilizaban su servicio, él se hacía fuerte desde el resto.
En semifinales, arruinó el sueño de John McEnroe- campeón en 1981, 1983 y 1984- de volver una final de Grand Slam tras ocho años de ausencia.
En el último partido le esperaba el croata Goran Ivanisevic que se marcó 36 aces antes de ceder en el quinto set ante un Andre Agassi, que por fin y contra pronóstico, se alzaba con su primer título de Grand Slam; vestido, eso sí para triunfar, de blanco. La imagen empezaba a no ser todo para el estadounidense.
Tampoco era previsible que la mujer con la abrió el baile en la gala de campeones, algún día formaría parte de su vida. Tenía solo 22 años. Su último grande, el octavo, lo conquistaría a los 33 en Australia aunque dos años antes hubiera culminado ya su conquista más deseada.
La gran mentira de Agassi
Agassi se hizo profesional a los 16 años pero asegura no tener ningún recuerdo de su infancia sin una raqueta cerca. Su padre, un inmigrante iraní, se empeñó en que su hijo fuera algún día el mejor jugador del mundo. Rubio, atractivo y con un estilo irresistible llamaba la atención desde muy niño.
El problema es que a los 19 años empezó a quedarse calvo y temía que su imagen mediática se resintiera. Por eso, tal y como reconoce en «OPEN», su libro autobiográfico -muy recomendable- decidió ponerse una peluca para perpetuar su imagen de chico rebelde por encima incluso de su rendimiento deportivo, como sucediera en su primera final de Roland Garros. Al parecer se le había despegado el apósito en la ducha el día previo y estaba más pendiente de su pelo que de la pelota.
En 1995, asesorado por Brooke Shields, que acaba de entrar en su vida, decidió acabar con el fraude y se afeitó la cabeza. Y así, con un pañuelo en lugar de una melena postiza no le fue mal. En Australia conquistó su tercer Grande, derrotando, por primera y única vez en su carrera en una final de Grand Slam, a Pete Sampras y el 10 de abril alcanzó el número uno del ránking por primera vez.
«Cuando Andre está centrado, olvídalo, hace prácticamente todo mejor que nadie»
Pete Sampras, campeón en 14 Grand Slam
La suya fue una de las mayores rivalidades de la historia del tenis. Ambos se encontraron en 16 finales, 6 de ellas de Grand Slam. Agassi ganó en 14 de las 34 veces que se vieron las caras.
Su caída a los infiernos
El compromiso de Andre Agassi con Brooke Shields supuso un punto de inflexión en su vida. Se sinceraron y se enamoraron por fax, sin ni siquiera haberse conocido en persona, y, dos años después, en abril de 1997, se casaron aunque no tenían nada en común, más allá de una infancia paralela. A ella no le interesaba el tenis ni a él, su mundo de interpretación y de fingimientos.
«Al día siguiente de casarme,
ya sabía que me había equivocado.»
«There was a girl» / Brooke Shields
Los problemas con Brooke, previos a la boda, derivan en un adicción a la metanfetamina. Andre Agassi dio positivo en un control del que salió indemne al mentir y declarar que bebió de una botella por error. Desapareció de las grandes citas tenísticas y su ranking se hundió hasta el número 141.
«André Agassi parece más preocupado por hacer feliz a su flamante esposa, la actriz Brooke Shields, que por recuperar su tenis»
Manel Serras/ El País, 25 de mayo de 1997
El regreso de Agassi fue de película, propio de un guión publicitario. En un solo año, no solo salió del fango, sino que pasó del 122 en el que acabó en 1997 a ser la sexta mejor raqueta del mundo en 1998. Y no se quedó ahí:
- En 1999 terminó como número uno del mundo
- Durante el período 1999-2003 conquistó cinco de sus ocho Grandes.
- Derrotó a Medvedev en Roland Garros en 1999 y se convirtió en el quinto hombre de la historia en ganar al menos una vez todos los Grand Slam, junto a Fred Perry, Don Budge, Rod Laver y Roy Emerson.
- En 2001 se volvió a casar con la mujer con la que fantaseaba desde adolescente y con la que abrió el baile de campeones de Wimbledon en 1992: la alemana Steffi Graf.
Entre el tenista que ganó su primer título en Brasil en 1986 y el último en California en 2005, Andre Agassi vivió varias vidas totalmente diferentes. El original producto publicitario se labró una meritoria carrera de 21 años, con un montante de 60 títulos en 90 finales y, entre su botín, un oro olímpico en Atlanta, cuatro Open de Australia, dos Us Open, un Wimbledon y un Roland Garros.
No está nada mal para un hombre que reconoció abiertamente en su autobiografía «OPEN» odiar el tenis por culpa de un padre obsesivo que no le permitía salir de la pista hasta que no golpeara al menos 4.500 pelotas lanzadas por un «dragón». Aprendió a sobrevivir en el mundo del monstruo de sus pesadillas de niño.