Boris Becker

EL CAMPEÓN ADOLESCENTE

Boris Becker (22/11/1967, Leimen, Alemania) hizo historia en Londres y se convirtió en un héroe nacional el 7 de julio de 1985. Ese día tenía 17 años y 7 meses, un pelirrojo adolescente que destrozó todos los pronósticos al derrotar en la final de Wimbledon a un top ten como era el sudafricano Kevin Curren por 6-3, 6-7, 7-6 y 6-4, en su segunda participación en el torneo.

Un año antes, en 1984, – el año en el que se hizo profesional- había caído eliminado en cuarta ronda ante Patrick Rafter aunque el trofeo lo levantó finalmente John McEnroe, el campeón al que sucedió Boris Becker en el cuadro de honor de Wimbledon.

La hazaña del pizpireta tenista alemán sorprendió al mundo tenístico por sus recursos y su atrevimiento. Un servicio elástico y muy  potente unido a una derecha demoledora y a estiradas voladoras en la red inolvidables.  A pesar de su juventud, o quizá por eso, no veía el peligro y no le temblaba la raqueta en los momentos cruciales.

No le tembló, por ejemplo, en la tercera ronda, en la que eliminó al sueco Joaquim Nystrom tras un emocionante quinto set que se resolvió por 9-7 a favor del tenista alemán. En su camino hacia la final se deshizo de dos americanos, dos suecos y del francés Henri Leconte. Ninguno pudo superar al joven armario alemán de metro noventa y uno de altura, una estatura que no era tan habitual en esa época como en la actualidad.

Su huella en Wimbledon’85

  • Boris Becker se convirtió en el tenista más joven de la historia en ganar un Grande. Un privilegio que le arrebató Michael Chang cuatro años después en Roland Garros. El estadounidense conquistó París con 17 años y tres meses, cuatro menos de los que tenía Boris cuando levantó el trofeo en el All England Club.
  • Fue el primer no cabeza de serie que ponía su nombre en la última casilla del cuadro principal masculino. El salto en el ránking fue espectacular: pasó de ser el 563 el 2 de enero de 1984 a levantarse el lunes 8 de julio de 1985 como el 8º del mundo.
  • Puso a Alemania en el mapa tenístico. Ningún compatriota había ganado nunca en Londres. Fue pionero y se convirtió en un héroe nacional. Además, para su país ganó dos Copas Davis y una medalla de oro olímpica.
  • Su tenis y su carácter entusiasmaron al público londinense, que le bautizó como «Boom Boom», Un apodo onomatopéyico dada la potencia de su saque y que Boris Becker rechazó por resultar demasiado belicoso.

El matrimonio de Boris Becker con el torneo londinense se prorrogó durante el año siguiente. En 1986, demostró que no era flor de un día y repitió triunfo en Wimbledon por segundo año consecutivo. Esta vez arruinó en la final a Ivan Lendl el sueño que tenía de reinar en un torneo y una hierba en la que el alemán se movía como si se tratara del jardín de su casa en Leiman, la ciudad- de 27.000 habitantes situada al noroeste del país- en la que se crió y en la que empezó a pegar raquetazos con su padre, un gran aficionado,  en una pista de tenis familiar. A los tres años empezó a jugar y a los nueve ya estaba compitiendo. Después de ganar su segundo Wimbledon encadenó una racha de 21 partidos consecutivos sin perder. A sus escasos 18 años se había convertido en un dios, en una revolución tenística.

Boris Becker se retiró en 1999, a los 32 años, después de permanecer 16 años en activo, con un botín de 49 títulos entre ellos seis Grand Slam: tres Wimbledon (1985, 1986 y 1989), dos Open de Australia (1991 y 1996) y un US Open(1989). Todos sus trofeos fueron sobre pista rápida. Su gran pesar fue no ganar nunca sobre tierra batida y eso a pesar de alcanzar hasta en tres ocasiones las semifinales de Roland Garros.

Fuera de la pista, el caos

En la cancha fue el número 1, por primera vez en julio de 1991, y fue elegido para entrar en el Hall of Fame de tenis en 2003. Otro tema bien distinto es cómo se desarrolló su vida privada más allá de las pelotas de tenis: dos divorcios, acusado de evasión de impuestos en 2002 y declarado en bancarrota en 2017, por una deuda de 62 millones de dólares. Eso, a grandes titulares, porque entre medias, el alemán coleccionaba portadas en la prensa del corazón, alguna de ellas esperpénticas. Como  la furtiva aventura amorosa, en el año 2000, que mantuvo con la modelo rusa Angelika Ermakova. Coincidieron en los baños de un restaurante y tras una felación, la modelo guardó el semen del tenista en un pequeño frasco y se hizo inseminar sin el permiso de Becker. Ermakova presentó una demanda de paternidad que le costó su segundo matrimonio. La broma se saldó con el pago de 3,8 millones de dólares más 25 millones por el divorcio. Así es como se gestó el nacimiento de su cuarta hija, Anna.

«FUERON LOS CINCO SEGUNDOS

MÁS CAROS DE MI VIDA»

Boris Becker

Todo el prestigio que se ganó en una pista de tenis lo echó a perder fuera de ella. Soberbio, arrogante e incluso maleducado en las distancias cortas, estuvo a punto de perder su mansión en Mallorca por negarse a pagar la factura al jardinero.

Genio y figura mandando bolas al otra lado de la pista, pasó de ser el niño mimado del All England Club, de fascinar a sus compatriotas, de llevar el tenis alemán a una dimensión desconocida a convertirse en  «l’enfant terrible» por sus desmanes fuera de la pista. No supo gestionar su vida y el 30 de abril fue condenado a una pena de un mínimo un año y tres meses de prisión por ocultar activos y préstamos.

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